Nomografía o el arte de redactar las leyes

En el libro XXIX de El Espíritu de las leyes, Montesquieu descubría para unos y  en todo caso recordaba a los legisladores ciertos hechos a tener en cuenta cuando se trate de “componer las leyes”; he aquí algunos de ellos:

  • A veces las leyes tienen efectos distintos de los declarados, se pueden dictar leyes contrarias a los fines que se persigue, o promulgar leyes desproporcionadas con el objeto perseguido.
  • Hay ocasiones en las que el legislador aplica una misma ley transplantada a otra sociedad diferente, pretendiendo conseguir los mismos efectos sin percibir que los efectos de la ley dependen en buena medida del contexto sobre el que opera.
  • Puede ocurrir que una ley que parece la misma no sea tal pues, aun siendo idéntica, puede perseguir objetivos diferentes.
  • La historia muestra que un mismo objetivo se puede conseguir mediante diferentes técnicas legales.
  • El juicio definitivo sobre una ley depende en buena parte no de sí misma sino de su relación con el ordenamiento de que forma parte.
  • Las leyes  que parecen las mismas son a veces diferentes en realidad.
  • Convendría que, cuando se pretenda transplantar una ley de un país a otro, se examine previamente si ambos tienen las mismas instituciones y las mismas leyes civiles.
  • No se deben separar las leyes de las circunstancias en que se hicieron.
  • La uniformidad de las leyes no es un valor en sí mismo: lo que importa es que se alcance el objetivo.

Seguía diciendo Montesquieu: “Todo ello tal vez se pudiera resumir diciendo que la eficacia y la efectividad de las normas dependen en buena medida de su adecuación al contexto sobre el que se aplican. Legislar sin tomar en cuenta los datos que nos ofrecen las ciencias puede ser inútil y tan peligroso como caminar en la oscuridad. La ciencia, en este sentido, a veces nada ordena al legislador ni siquiera precisa explicitar sus recomendaciones: le basta con exponer los hechos, sus causas y sus consecuencias”.

Montesquieu, haciéndose eco de las denuncias sobre la oscuridad e imprecisión de las leyes avanzó todo un catalogo sistematizado de criterios para la redacción de textos legales y abandonando su estilo aparentemente descriptivo se atrevió a recomendar “a quienes disponen de un genio lo suficientemente amplio como para poder dar leyes a su nación o a cualquier otra” algunos de esos criterios:

  • El estilo debe ser conciso: ser lo suficientemente breve como para poder aprenderlas de memoria.
  • El estilo debe ser simple: si la expresión es directa se comprende mejor que la expresión retórica o engolada.
  • Es esencial que las palabras de las leyes susciten en todos los hombres las mismas ideas: la vaguedad de los términos puede ser engañosa o generar inseguridad.
  • Cuando una ley debe imponer una sanción, es necesario que en la medida de lo posible, evite fijarla en función del precio del dinero: por mil razones cambia constantemente el valor de la moneda.
  • Evitar las expresiones vagas así como el lenguaje metafórico o figurado. Se han de evitar las cláusulas abiertas: una enumeración de circunstancias no puede terminar “…y cualquier otra que consideren los jueces….” . Es una forma de privar de sentido a la propia enumeración.
  • Las leyes no deben ser sutiles: se deben hacer pensando en la gente común y con el razonamiento de un padre de familia.
  • Conviene evitar el exceso de palabras: evitar las excepciones o limitaciones salvo que las mismas sean necesarias.
  • No hay que cambiar una ley sin razón suficiente: los cambios frecuentes generan inseguridad.
  • Si hay que expresar las razones de una ley, estas tienen que ser dignas de la misma: fundamentar con principios y convicciones.
  • En cuanto a presunciones, las de la ley valen mas que las de los hombres: cuando un juez opera con presunciones, los juicios se vuelven arbitrarios; cuando la ley establece una presunción, da al juez una regla fija.
  • Las leyes inútiles debilitan las leyes necesarias. Las leyes deben ser eficaces: las leyes  que se pueden eludir debilitan la legislación, han de adecuarse a la naturaleza de las cosas y finalmente tienen que tener un cierto candor: “hechas para castigar la maldad de los hombres, deben tener ellas mismas la mayor inocencia posible”.

Son todas ellas recomendaciones de técnica legislativa que podemos encontrar en cualquiera de los modernos manuales de técnica legislativa y que no son sino un compendio de exigencias repetidas a lo largo de los siglos..

Jeremy Bentham